La Queja

Hoy escribo para ayudarte a hacer consciente el cómo aparece la queja en tu día a día, de su presencia y de cómo te arrastra. También quiero compartir las estrategias que a mí me funcionan para cuando la veas aparecer.

Siento que en la actualidad la mayoría estamos enfocados en “lo negativo”, en lo que hay por mejorar, en lo que no nos gusta, en lo que nos molesta. La atención se va constantemente hacia ahí y es detonante para la aparición de la queja.

Queja porque alguien no actúa como yo creo que debería actuar, queja por la retención del tráfico, queja por el precio de los productos, queja porque mis hij@s no me obedecen, … podría seguir haciendo una lista extensísima.

 (Tú puedes hacer la tuya)

¿TE HAS PLANTEADO PARA QUÉ SIRVE QUEJARTE?
¿CAMBIA ALGO EN TI?

La respuesta es SÍ. Quejándote lo único que cambia es tu paz, tu serenidad, te lleva a un estado de nervios e incluso de ansiedad por no poder controlar lo que hay fuera.

Con la queja nos hacemos un daño incalculable.

Si te paras a analizar tu día y eres sincer@ contigo mism@ quizás te des cuenta del espacio que le das en tu vida.

Ahora, si has conseguido hacer consciente esta parte, pudiéndola reconocer, vamos al siguiente paso.

Te comparto estrategias para que, poco a poco, puedas ir deshaciéndote de ella.

Una es convertir la queja en acción. Si me quejo por algo observo qué puedo hacer para cambiarlo. Por ejemplo, con la retención de tráfico puedo decidir salir a otra hora o puedo cambiar la ruta. Con la situación de que alguien no actúa como yo creo que debería hacerlo, expresar mi opinión y escuchar sus motivos podría ser una acción, y así con cada una de ellas.

Otra estrategia sería trabajar la aceptación. Aceptar que hay cosas o situaciones que, a pesar de tener la intención de ponerle acción, no dependen de mí y no puedo cambiar. Si no puedo cambiarlo ¿para qué ponerle energía o conectar con la rabia? La aceptación también es una buena ayuda para flaquear la fuerza de la queja.

Y, por último, si la queja aparece y te das cuenta no te machaques. Ten compasión contigo, con tu aprendizaje y evolución y, simplemente, date las gracias por haberte dado cuenta.

Aunque no lo puedas ver, ¡es un paso enorme!

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